JJ Inversiones: «Como empresa funeraria, somos de los sectores menos afectados por la crisis» (ABC)

El grupo andaluz, gestor de tanatorios, ha implantando un novedoso sistema de duelo a distancia

E. Freire

SEVILLA Actualizado:

JJ Inversiones es otra de las compañías andaluzas que se ha sumado al movimiento #DamosLaCara impulsado en toda España para demostrar el compromiso de las empresas familiares en la superación de la crisis sanitaria y económica. Este grupo jienense nacido en los años 90 del siglo pasado tiene varias ramas de negocio: es empresa constructora, que también gestiona cementerios y tanatorios, principalmante en régimen de concesión administrativa, tras haberlos construido o ampliado previamente; opera además como compañía funeraria y tiene una rama agrícola dedicada al cultivo del olivar. La segunda generación de la familia Jiménez está ya al frente de la compañía, que factura en torno a 3 millones de euros y cuenta con 30 empleados.

¿La crisis del Covid es una de las más duras que ha pasado la empresa?

Es de las más duras porque afecta al modo de vida de las personas, a nuestra cultura, de la que el acompañamiento a los difuntos forma parte importante. Económicamente hemos reducido la actividad por la suspensión temporal de varias de las ramas de negocio, algunas de ellas de especial incidencia como es el caso de los velatorios o la construcción. También la incertidumbre actual limita el gasto en los servicios por parte de los clientes. No obstante, considerando la situación global, podemos decir que somos de los sectores menos afectados.

¿Cómo ha afectado la pandemia a la dinámica de la empresa y qué medidas extraordinarias ha tomado?

La dinámica de la empresa se ha visto afectada a todos los niveles, tanto por la modificación de la actividad en cada una de las ramas, como por la implantación de protocolos de actuación para minimizar la exposición al virus. En concreto, hemos instaurado el teletrabajo en todos los puestos donde ha sido posible, organizado equipos de trabajo independientes para acotar en lo posible el impacto de algún contagio si lo hubiera habido, se han instalado pantallas de protección en los puestos de atención al público y, como no, se han facilitado los medios de protección necesarios para minimizar el riesgos de nuestros empleados y usuarios (mascarillas, geles hidroalcohólicos, guantes, test cuando ha sido posibles…). Desde el punto de vista financiero hemos utilizado las medidas implantadas para mitigar en lo posible el efecto económico como el aplazamiento de impuestos y los préstamos ICO.

¿Cómo se ha adaptado a las diferentes coyunturas del mercado?

El mercado en nuestro sector ha ido cambiando en función de la evolución de la pandemia y de las medidas que limitaban la circulación y la acumulación de personas. La construcción y los servicios de velatorio se paralizó en un momento dado y la actividad se ha ido normalizando progresivamente. En cuanto al servicio de incineración, hemos entendido que era nuestra obligación social el colaborar con otras zonas más castigadas (principalmente Madrid) para agilizar en lo posible el volumen que se estaba acumulando (recordemos las imágenes del palacio de hielo de Madrid), por lo que se ha gestionado un importante volumen de incineraciones durante esta crisis. Hemos reaccionado también al cambio de paradigma en la gestión de tanatorios implantando un novedoso sistema de duelo en la distancia. Nuestros usuarios de tanatorio pueden enviar y recibir condolencias de amigos y familiares que no puedan acudir fisicamente (por limitación a la movilidad, o simplemente por minimizar riesgos de contagio) de manera telemática mediante el sistema denominado «Vivo recuerdo». De esta forma, se pueden enviar imágenes y mensajes de recuerdo sin la exposición al virus.

¿Cuáles son las fortalezas de una empresa familiar que la hacen más resistente ante coyunturas como la actual?

Ante una situación como la actual, el factor determinante que aporta una empresa familiar es el compromiso. Compromiso de la propiedad respecto a los empleados y respecto a las poblaciones en las que está presente y compromiso de los empleados, que se saben parte de la familia y que saben que el su esfuerzo para sacar adelante la situación se ve recompensado. Este factor explica gran parte de las fortalezas, flexibilidad, atención, seguridad.


Certifican los protocolos contra COVID-19 aplicados por la funeraria Mémora (La Vanguardia)

REDACCIÓN

Barcelona, 3 jul (EFE).- La Asociación Española de Normalización y Certificación (AENOR) ha concedido a la empresa funeraria Mémora un certificado que valida sus protocolos de actuación para prevenir contagios de la COVID-19.

En una nota de prensa, Mémora ha informado de que se trata de la primera distinción de este tipo que se ha dado a un grupo funerario español.

“AENOR, entidad líder en certificación en España, ha contrastado todos los protocolos anti-COVID-19 establecidos por Mémora y se ha asegurado de que estos están en línea con su propia metodología, desarrollada en base a las recomendaciones y requisitos de distintos organismos nacionales e internacionales, así como otros documentos de referencia y casos de éxito”, presume la funeraria.

La citada certificación, emitida el 25 de junio, tiene un año de validez y “garantiza la correcta aplicación de las distintas medidas y protocolos en todas las actividades derivadas de la oferta de servicio funerario integral: tanatorio, velatorio y crematorio”.

El consejero delegado de Mémora, Juan Jesús Domingo, ha destacado que la voluntad de la empresa, desde que comenzó la crisis de la COVID-19, ha sido “priorizar el bienestar y la seguridad de las familias y de los trabajadores”: “Estamos muy satisfechos de que todo el esfuerzo de nuestros equipos se refleje y reconozca con esta nueva certificación”, ha añadido.

AENOR es una entidad mercantil fundada en 2017 que “trabaja en los ámbitos de la evaluación de la conformidad, la formación y las ventas de publicaciones”, informa esta misma empresa en su web. EFE


 

La muerte llegaba en furgón (Diario de Cádiz)

Durante los meses de estado de alarma los servicios funerarios tuvieron que multiplicarse y encargarse de los cuerpos que llegaban de Madrid

“Desde el mes de enero observamos un incremento inesperado de servicios, que se prolongó en febrero y en marzo. Enero siempre es un mes fuerte, al igual que las épocas con pico de calor, pero no fue un enero normal. Eran personas que morían de neumonías. Si era coronavirus o no nunca lo sabremos. Lo cierto es que en esos tres meses de 2020 enterramos a las mismas personas que en 2019 habíamos enterrado entre enero y julio”. Habla Julio Ortega, propietario de Servicios Funerarios Virgen de los Remedios, una pequeña funeraria que atiende en sus tanatorios a los municipios de Puerto Serrano y Espera. Es un pequeño termómetro de lo que, vivido a gran escala, ha sido algo insólito. Un país entero se vio colapsado por la muerte y no pudo velar a sus muertos. En muchas ocasiones ni siquiera pudo enterrarlos.

Las estadísticas sitúan el incremento de fallecimientos en la provincia en lo que llevamos de 2020 en algo más de un 4%, muy poco si se tiene en cuenta que la media nacional, arrastrada por las salvajes cifras de Madrid y Barcelona, se sitúan en un 21%. La frase de los funerarios fue acuñada luego por la oposición: cada día se nos caía un avión. Un dato como ese también afectó en los peores días de la epidemia a la provincia. En Jerez se llegó a habilitar un contenedor frigorífico para albergar los cuerpos que llegaban de Madrid ante el colapso de los servicios funerarios en la capital.

Ortega hace sus propios cálculos. Entre enero y marzo el incremento de servicios pudo ser de un 50%. “En Puerto Serrano ofrecemos una media de 90 servicios al año , que vienen a ser los mismos que en Espera, que tiene una menor población, pero más mayor. Esto supone unos siete servicios por tanatorio al mes. Durante esos meses esa media subió a nueve o diez. Compañeros de otras funerarias notaron incrementos similares”. Este empresario agradece el apoyo que ha tenido en los pueblos tanto de los alcaldes como de la población, que ha entendido la situación crítica que se vivía. “Hemos tenido un caso de un fallecido que tenía siete hermanos, pero sólo podían acudir tres a despedirle. El 99% de la las familias se han portado de diez y los alcaldes nos decían que para cualquier problema si la cosa se desmadraba que avisáramos para que nos enviaran a la policía, pero no ha sido necesario”.

En los crematorios de Algeciras, Chiclana y Jerez se ha trabajado a destajo, cuentan en el sector. Sob re todo lo que fueron los meses de marzo y abril, hasta llegada la semana Santa, cuando todo se fue calmando. “Venían furgones en neveras con cuerpos enviados desde Madrid , se quemaban y se devolvían las cenizas. En ese sentido se ha actuado con diligencia y las cenizas que se devolvían a Madrid correspondían en todos los casos con el finado. Las funerarias de Madrid nos llamaban desesperadas para ver si teníamos más furgones. Pero teníamos un problema añadido y era que el trabajo se triplicaba, pero no lográbamos encontrar personal para realizar este trabajo. Nadie se atrevía a trabajar en pleno meollo de la infección, muchos se daban de baja por el estrés, ha habido muchas bajas psicológicas y resultaba que no terminabas de atender a uno y ya tenías tres en espera. Pero hemos estado al pie del cañón porque si abandonábamos nosotros, figúrate tú”.

Ortega, que conoce un oficio en el que lleva más de veinte años, se puede suponer lo que ha sido para sus compañeros de Madrid y no se extraña que en determinado momento se pudieran encontrar cadáveres en las residencias porque no daba tiempo material para certificar esas muertes. “Siempre puede haber momentos en que haya picos de muertes y entonces utilizas la cámara mientras las salas están llenas. Se puede dar el caso de que tengas dos cuerpos en espera para estar en sala. Pero ¿qué haces cuándo no tienes dos, si no que tienes 60?”

La protección de los trabajadores era otro problema. “Todo el material que llegaba, sobre todo al principio del estado de alarma, era para los sanitarios. Llamábamos a la administración y el Gobierno nos enviaba a la junta y la junta al Gobierno, pero no conseguíamos nada. Pedíamos que se hicieran test a nuestros trabajadores y la respuesta era el silencio. Nos hemos tenido que abastecer de material por fuera y pagándolo a precio de oro”. Las medidas tomadas por el sector han dado su resultado y no ha habido mucho contagio en estos trabajadores.

Ahora Ortega y sus compañeros cruzan los dedos ante el casi seguro brote del otoño, en el que el covid entre al tiempo que la gripe. “Queremos pensar que hemos aprendido de lo que ha pasado y no volveremos a encontrarnos situaciones parecidas. Estaremos abastecidos y preparados para un nuevo repunte y esperemos que los familiares puedan despedir a sus seres queridos como es debido”.


El rey de las funerarias (La Voz de Almería)

Juan Valdivia dejó Morón para venirse a Almería con una cartera de pólizas de de decesos

Un día de 1972, un Dodge Dart verde botella con un féretro dentro circulaba a ralentí por el Paseo del Generalísimo de Almería, almidonado de coronas de flores. Detrás, familiares y amigos de luto caminaban abrazados unos a otros, mientras en las aceras decenas de curiosos miraban sin perder detalle de ese espectáculo en el que por primera vez un ‘haiga’ americano llevaba a un muerto almeriense.Ese petulante vehículo, como en el que volaron a Carrero, era propiedad de Juan Valdivia Gerada, un sevillano de Morón de la Frontera que había llegado a la pensión Sevilla cuatro años antes con una cartera de seguros de decesos dispuesto a comerse la ciudad. Tenía 19 años, era perito eléctrico, hijo de un director del Banco Español, y eligió Almería como podía haber elegido Albacete, aunque de aquí ya no se movió nunca más.

Llegó así, sin un duro, pero con muchas ideas para hacer crecer las pólizas de La Previsora  Bilbaína, pero se dio cuenta de que un seguro de muerto sin una funeraria detrás era como un matrimonio sin amor. Creó así La Previsora Almeriense, su iniciática empresa de pompas fúnebres, y de ese mimbre inicial, Juan ha ido tejiendo el cesto de Tanatorios y Funerarias del Sur, la mayor empresa funeraria de la provincia, y liderando la creación de Funespaña, el mayor grupo funerario del país con más de 500 empresas, que vendió a la aseguradora Mapfre. Desde el principio de los tiempos, si uno analiza el negocio funerario almeriense, ha sido un sector caníbal –como tantos otros, por otra parte- en el que los grandes han ido engullendo a los pequeños o fusionando intereses, en una actividad que es el paradigma de la seguridad garantizada en cuanto a clientela.

Hasta finales del siglo XIX, Almería carecía de una empresa funeraria propia. Eran, hasta entonces, los carpinteros los que iban haciendo acopio de cajas mortuorias a 50 reales en los almacenes para cuando iba habiendo necesidad; o los vendedores de muebles como Antonio Lomaña, junto a las Cuatro Calles, quien, en el lejano 1864, exponía ataúdes como si fueran sillas o plateros. Fue Manuel Andrés Pérez el empresario que en 1884 constituyó la primera empresa funeraria almeriense. Se llamaba ‘La Industrial’ y tenía su sede en la calle Real de la Cárcel número 13, enfrente de donde está hoy la Farmacia Central, haciendo esquina con la calle del Arco. Contaba con almacén expositor, taller de construcción de féretros y un equipo de dependientes uniformados según la categoría del óbito. Había entierros de primera, de segunda, de tercera y para pobres de solemnidad, que eran sufragados por el Ayuntamiento. El coche de primera clase, con cuatro caballos con altos penachos de plumas y gualdrapas sobre los lomos, tenía una tarifa de cien pesetas y el ataúd valía seis duros. Eran tiempos en los que la vanidad estaba por encima de todo en esos duelos de gente principal, con cocheros y lacayos vistiendo a ‘la Federica’, con levita y calzón corto, pelucas blancas, sombreros de tres picos y una turba de niños del Hospicio portando velas y llorando como las plañideras del Nuevo Testamento.

El cadáver se conducía por el Paseo del Príncipe y acababa al final de la calle Granada, donde hoy está la cafetería La Gloria, donde se daba el pésame a los deudos. Aparecieron otras funerarias, después de la de Andrés: ‘La Soledad, de Dolores Lirola, viuda de López Godoy, en la calle Granada. Y ‘La Neotafia’, de José Jurado Trillo, en la calle del Rostrico.

En 1905 falleció Manuel Andrés y se hizo cargo del negocio su hijo Augusto Andrés Rivas, que hasta entonces había regentado una pequeña librería junto a las pompas fúnebres de su padre, donde vendía y alquilaba novelas y revistas a los almerienses de entonces. Para mantener este negocio, Augusto, durante un tiempo, arrendó la funeraria a José Cubero Moreno, un empresario malagueño recién llegado a la ciudad, quien la rebautizó como ‘La Nueva’ y adquirió también la funeraria La Soledad y puso a su cargo como gerente a Antonio Marín Durán. Cubero hizo correr el slogan en la prensa local de que venía “para hacer desaparecer las tarifas escandalosas de otras épocas y a dejar de vocear los precios de los entierros por las calles como si fuesen verduras”. Se hizo también con la representación en Almería de la gran fábrica de féretros y arcas de maderas finas y barnizadas a muñeca de Vicente Correa. Pero duró poco en Almería, el tal Cubero, y Augusto Andrés decidió dejar la reventa de novelas por entregas de Galdós y Clarín para retomar el negocio funerario familiar. Lo curioso es que, la parte del establecimiento que había sido librería, la destinó el singular Augusto a disfraces de carnavales. Caretas y antifaces colgaban a solo un metro de distancia del rigor de los ataúdes, cintas de duelo y coronas funerarias, en esa calle Real, que en esos tiempos republicanos había pasado a llamarse calle del General Riego.

Pasaron los años, Augusto fue envejeciendo y decidió emigrar a Barcelona con su esposa Juana Arias, poco antes de la Guerra Civil. Legó el negocio funerario a su sobrino Alejandro Andrés Vivas y al fiel empleado José Morales. También tuvo escaso recorrido otra funeraria denominada ‘La Nueva Malagueña, en la calle Granada -frente a la ferretería de José María Lucas- gerenciada por José Cañadas Ramón y Francisco Lorente. Al igual que ocurrió con ‘La Económica’, en la calle Murcia, en 1933, que empezó a dar servicio con carrozas motorizadas.

Por esas fechas, los señores Gómiz y Tijeras crearon la Funeraria Nueva, que sí estaba llamada a tener un mayor recorrido, con domicilio en la Plaza Vivas Pérez, que convivía con la de la calle Real. Fueron las dos funerarias de la Postguerra, hasta que en 1962, ésta la compró la familia Giménez y la trasladó a la calle Eduardo Pérez, rebautizándola como Funeraria Virgen del Mar. Ambas se fusionaron en 1979 dando lugar a Funalsa, en la que, tras una compraventa de acciones, entró también Albia (seguros Santa Lucia) y Juan Valdivia, aquel sevillano de Morón que vino con una mano detrás y otra delante y que terminó también como principal accionista y construyendo el primer tanatorio y el primer horno crematorio de la provincia.

La marca de disponer de la primera sala de velatorios de la provincia le correspondió a Funeraria San José en 1980 en Avenida Santa Isabel, a cargo de un oriundo de Abla llamado Juan Ortiz,, cuando hasta entonces la costumbre era que los muertos había que velarlos en casa. También operaron en El Zapillo la Funeraria El Remedio, de Efrén Castaño, y Puertamar, en la zona del Quemadero. La primera mujer que regentó una empresa de pompas fúnebres –Funeraria San Jorge- fue Dolores Gómez, en 1968, en La Mojonera.


El Consistorio garantiza un servicio normal en el crematorio municipal (Andalucía Información )

La delegada Sonia Gaya asegura que hay dos hornos funcionando con “normalidad” y que el tercero se reparará por un importe de 60.000 euros

Actualizado: 06/07/2020 · 18:05

La delegada de Hacienda y Administración Pública del Ayuntamiento de Sevilla, Sonia Gaya, ha aclarado este lunes que la demanda diaria de cremaciones en el Cementerio de San Fernando se cubre “con absoluta normalidad” con los dos hornos en funcionamiento y que la reparación del tercero, con una inversión superior a los 60.000 euros, se iniciará una vez que concluya el expediente administrativo que fue paralizado como consecuencia del decreto de estado de alarma por la pandemia Covid-19 y que debe culminar todos los trámites legales antes de adjudicarse e iniciarse las obras.
En un comunicado, tras las críticas del PP, Gaya ha explicado que a principios de año se aprovechó la reparación de un horno averiado para renovarlo en su totalidad con una inversión de 66.500 euros. Después, indica que se averió otro y la decisión fue abordar también una reparación integral, cuyo expediente se inició antes del estado de alarma, pero “tuvo que ser paralizado como cualquier otro trámite que conllevara una contratación pública no directamente asociada a servicios relacionados con la pandemia”.<
“En todo momento ha habido dos hornos funcionando y con ellos se han cubierto y se siguen cubriendo todos los servicios de incineraciones que se solicitan. En cuanto al tercer horno, la previsión es que sea renovado en su integridad a lo largo de este verano”, según ha remarcado la delegada, quien ha lamentado el “alarmismo lanzado por el PP de Beltrán Pérez en cuanto al servicio público del Cementerio de San Fernando”.
“Insisto. La tramitación administrativa debe completarse respetando todos sus plazos legales. No valen las prisas demagógicas del PP”, ha abundado.
Gaya ha explicado, asimismo, que la plantilla municipal de los jardineros del camposanto reinició los trabajos de desbroces tras el parón del estado de alarma, cuando dejaron de acudir a sus puestos de trabajo al estar considerados como un colectivo de riesgo.
“En todo momento se priorizó la salud de los empleados frente al contagio y, una vez reincorporados, retomaron todas sus labores, entre ellas los desbroces que estuvieron parados dos meses. Es mentira que este gobierno local no vele por las condiciones laborales de los trabajadores, como dice el PP”, ha replicado Gaya.

Por último, la delegada ha concluido agradeciendo el compromiso de la plantilla del Cementerio de San Fernando por su labor a lo largo del estado de alarma decretado por la pandemia de la Covid-19 y el esfuerzo posterior para volver a la normalidad en la actividad del camposanto.


El Ayuntamiento desestima la reclamación de una mujer que tuvo que incinerar a su marido en Villarrobledo (El Funerario Digital) 

Una mujer presentó una reclamación de responsabilidad patrimonial contra el Ayuntamiento de Albacete en mayo de 2019, al tener que desplazarse hasta Villarrobledo para poder incinerar a su marido fallecido porque el crematorio de Albacete no se encontraba en funcionamiento.

El Ayuntamiento de Albacete ha desestimado la reclamación de responsabilidad patrimonial por lo que la demandante reclama un perjuicio económico porque no estaba activo el crematorio municipal en el cementerio y solicita una indemnización de 194,50 euros correspondiente a la diferencia de precios que existe por la prestación de este servicio en ambos cementerios.

La reclamación de responsabilidad patrimonial fue admitida a trámite y se ordenó la instrucción del procedimiento para determinar si existe responsabilidad patrimonial por parte del Ayuntamiento en relación a dichos hechos.

En enero de 2020 el Servicio de Arquitectura, Instalaciones y Edificios publica un informe en el que se confirma el cierre del crematorio en dichas fechas “el horno crematorio municipal estaba fuera de servicio por realizar obras de reparación en la chimenea y en otros elementos del crematorio”.

La Comisión Informativa de Hacienda en el expediente se cita que se ha suspendido las incineraciones en el cementerio municipal de Albacete, debido a que el actual horno crematorio, instalado en el año 1993, había superado ampliamente el número de cremaciones recomendado.

El Ayuntamiento de Albacete desestima dicha reclamación, al no existir relación de causalidad entre el funcionamiento del servicio público y el perjuicio producido a la mujer afectada.

 


El cementerio de Torrero triplicó las cremaciones en abril por el covid (El Periódico de Aragón)

Con una media de 22 incineraciones al día se realizaron 666 incineraciones durante este mes. El ayuntamiento recurrió a los tantarios privados para ampliar el espacio de las cámaras frigoríficas
CARLOTA GOMAR
06/07/2020
El cementerio municipal del zaragozano barrio de Torrero triplicó las incineraciones el pasado mes de abril, el más trágico desde que se inició la crisis del coronavirus en la comunidad aragonesa, cuando se llegaron a registrar 39 fallecidos en un día. Durante ese mes se realizaron 666 incineraciones, una cifra escalofriante si se compara con los años anteriores, cuando la media mensual que se sitúa entre las 230 y 260. Durante este mes, y pese a registrarse un pico en el número de fallecidos por covid, las salas de velatorio no se abrieron al público, dado que fueron reservadas para almacenar féretros.

En el primer semestre del año se han practicado 1.688 cremaciones en Torrero, casi el doble de las del 2018, cuando fueron 993, y más de 700 más respecto al año pasado, con 1.082, según los datos facilitados por el área de Urbanismo. Durante las primeras semanas de la pandemia el aumento de cremaciones se disparó un 18% y a las pocas semanas, ya en abril, alcanzó el 80%, lo que ralentizó varios días las cremaciones previstas para fallecidos por causas ajenas al coronarivus.

ESTADÍSTICA / Mientras que el año pasado se realizaron 187 cremaciones en marzo, el mismo mes de este curso fueron 451 los cadáveres que llegaron al camposanto de Torrero (sin contabilizar los datos de los velatorios privados). Este mes se contabilizaron 2.288 contagiados, según los datos de Salud Pública, que se dispararon hasta los 5.107 en marzo, momento en el que el camposanto sufrió su primer pico, con 666 fallecidos (frente a los 264 del 2019). Un mes más tarde, en mayo, fueron 640 los positivos y se produjeron 318 incineraciones (frente a los 259 del año pasado) que se redujeron a 253 en junio, uno menos que el año pasado, y con 586 contagiados.

El incremento del número de fallecidos como consecuencia del covid-19 obligó al Ayuntamiento de Zaragoza a tomar medidas inmediatas para evitar un colapso en el servicio. Llegó a un acuerdo con los dos tanatorios privados de la ciudad pertenecientes a las empresas Funespaña y Servisa para descongestionar el servicio municipal. Con la colaboración de estos centros se podrían haber conservado 205 cadáveres en un mismo momento a la espera de la cremación o del entierro. No solo de fallecidos por covid, que la inmensa mayoría eran incinerados por motivos de seguridad.

No llegó a ser necesario recurrir a manos privadas, aunque sí que se utilizaron las salas de velatorios de Torrero, cerradas al público, para ampliar el espacio en el que mantener los cuerpos hasta su cremación, sumando así 79 plazas extra. El consistorio también reorganizó el funcionamiento del cementerio, aumentando el número de cuerpos que se podían mantener en cámaras frigoríficas a 125. Además, reservaron una cámara de mayores dimensiones, con capacidad para 42 cadáveres, para muertos no infectados con coronavirus. En ningún momento se planteó crear una morgue improvisada en un pabellón deportivo, como sucedió en Madrid, dado que confiaban en que la ampliación del espacio sería suficiente para mantener la situación controlada.

En los meses más duros del confinamiento los familiares no pudieron despedir a sus seres queridos por motivos de seguridad. En abril no se utilizó ni una sola sala, dado que se reservaron para mantener a los cadáveres. Tampoco se permitió celebrar ceremonias. Las limitaciones fueron variando. Al principio, se limitó a diez personas salvo que el fallecido fuese una víctima del covid-19 porque había que aplicar un protocolo especial y no se permitían ni funerales ni velatorios porque, aunque ya fallecido, hay que seguir respetando la cuarentena.

Sin embargo, desde el primer momento se apreció una drástica reducción en el número de ceremonias y velatorios. Mientras que la media es de 12 despedidas al día en Torrero, se redujeron a 7 en marzo e incluso a cinco en mayo. Ahora vuelven a celebrarse con cierta normalidad.


Los protocolos para la prevención de la Covid- 19 de Grupo Albia reciben la certificación de Garantía Madrid (Revista Funeraria)

En Noticias,
Jul 09, 2020

Los protocolos de prevención de Grupo Albia para hacer frente a las necesidades provocadas por la Covid-19 han recibido el identificativo de Garantía Madrid, una iniciativa enmarcada dentro del Plan para la Reactivación, promovido por el Gobierno de la Comunidad de Madrid, que recoge tanto las medidas en materia de prevención emitidas por autoridades pertinentes como otras internacionales o sectoriales prescritas que deben ser seguidas por las organizaciones.
“Se trata de la reafirmación de que Grupo Albia está trabajando continuamente para salvaguardar el bienestar y la seguridad de todos los usuarios de nuestros centros, así como de nuestros trabajadores. Desde el primer momento de esta peculiar situación hemos adaptado nuestros protocolos y medidas de seguridad para responder con agilidad a las exigencias establecidas por las autoridades sanitarias y poder dar servicio a las familias de la manera más segura posible”, Juan Rodríguez, Director General del Grupo Albia.

Destacar que el certificado tiene en consideración medidas sobre salud y seguridad de empleados, clientes y personal ajeno a la organización, medidas de higienización, gestión de residuos y medidas de formación entre otras. Todo ello, alineado con los planes de contingencia y sostenibilidad del negocio.

El identificativo certifica la excelencia de Grupo Albia en los tres Componentes del Estándar de la Comunidad de Madrid: Medidas de cumplimiento, que corrobora las medidas de prevención dictadas por las autoridades pertinentes frente a la Covid-19; Medidas Extraordinarias, que acredita el compromiso añadido de las empresas por la seguridad y salud de sus empleados, clientes y sociedad en general; y Acción Solidaria, que reconoce la actividad solidaria de las empresas del tercer sector de apoyo contra la Covid-19.


La Junta de Andalucía centra su preocupación en los velatorios, las residencias y la inmigración, focos de contagio (ABC de Sevilla)

Son los principales focos donde se están produciendo los nuevos contagios por coronavirus debido a las especiales condiciones de contacto
El mapa de los rebrotes de coronavirus en Andalucía: 17 brotes en Málaga, Granada, Huelva, Cádiz y Almería
Andalucía suma otro foco de coronavirus y ya son 18 los brotes activos
Stella Benot

SEVILLA Actualizado:09/07/2020 17:00

El control de los nuevos brotes de coronavirus se ha convertido en la prioridad de los servicios sanitarios de toda España. La clave es detectar cómo se originan los brotes para poder aislarlos a la mayor brevedad posible y en este sentido, la Consejería de Salud tiene su preocupación dividida en tres frentes: los velatorios, las residencias de ancianos y la inmigración, sobre todo la irregular. Tres frentes que se caracterizan por unas especiales condiciones de contacto.

Los velatorios
La mayoría de los andaluces ya ha interiorizado las medidas de distancia social en la mayor parte de los ámbitos de la vida pero los velatorios parecen, según Salud, al margen de estas normas por las particulares circunstancias que se producen. De hecho, uno de los brotes que más preocupa se localiza en la pedanía de Belicena, en Vegas del Genil (Granada), donde el velatorio y entierro de una joven deportista de 17 años, muy conocida y querida, se ha convertido en un foco de infección. La Junta lleva dos días realizando test PCRpara localizar a los que se hayan podido contagiar pero hay muchas personas que se trasladaron a otras localidades de España. Ya se han hecho más de 400 PCR y sólo han salido 6 casos positivos, dos más en las últimas 24 horas, un dato que Salud valora al ser menor de lo esperado.