Las funerarias de Logroño derivaron cremaciones a otras localidades para evitar colapsar por coronavirus (Cope)

Jerónimo Miguel, gerente de Mémora Pastrana, nos indica que la segunda quincena de marzo fue la más crítica. Según señala, la mortalidad se multiplicó por tres o cuatro
Rocío Ruiz
Tiempo de lectura: 1′ 30 abr 2020 – 16:03 Actualizado 01 may 2020
Jerónimo Miguel, gerente de Mémora Pastrana, nos indica que la segunda quincena de marzo fue la más crítica. Según la actividad de esta funeraria, la mortalidad se multiplicó por tres o por cuatro. Si normalmente atienden 4 servicios de media al día, durante esos días la cifra ascendió a 15 o 20 servicios diarios.

Una situación que no se había vivido nunca en Logroño. Jerónimo Miguel nos ha explicado que “gracias a un buen trabajo previo no se llegó al colapso aunque sí hubo que derivar cuerpos a los crematorios más próximos a la capital riojana”. Indica que “hubo que derivar cremaciones a Calahorra, Arnedo o Miranda de Ebro”.

Jerónimo Miguel nos cuenta que desde hace unos cinco o seis días aprecian una “tendencia a la baja, con una situación que prácticamente se ha normalizado” y retorna a las semanas previas a la irrupción de la pandemia en La Rioja.

El gerente de Memora Pastrana recuerda que han trabajado para garantizar la salud de trabajadores y familias; y no han tenido casos positivos en plantilla.

Además, ha sido muy complicado atender a las familias, una cuestión muy dura, con mucho sufrimiento. Una despedida que, según nos cuenta, “ha quedado pendiente”. “no poder celebrar velatorios o un funeral está siendo muy duro de encajar para las familias”, lamenta el geretne de Mémora Pastrana.

Quienes despiden a familiares que no han fallecido por COVID-19 pueden estar unos minutos en el tanatorio antes de ir al crematorio o cementerio. Una enfermedad que deshumanizado a los enfermos y sus familias pero también al resto de fallecidos, familiares y amigos.

Las despedidas para todos los fallecidos, por coronavirus o no, tendrán que esperar.


Los vecinos de Los Viveros, hartos del “humo negro y con residuos” del horno crematorio del Salvador (Tribuna Valladolid)

30.04.2020
· VALLADOLID

Reiteran sus críticas después de años de luchas y denuncias “sin que nadie haga nada”.

Los vecinos de la zona residencial de Los Viveros están hartos. Tal y como denunciaron en este periódico (también lo han hecho ante la administración) no pueden soportar más lo que ellos consideran una mala combustión del horno crematorio del Tanatorio de El Salvador, que se encuentra muy cerca de esta urbanización vallisoletana. Una de las portavoces de las familias que viven en estas 24 viviendas, Paula Palomino, recordaba en este diario que llevan “luchando” desde 2013 contra está práctica “que provoca humo negro, olores y hasta esparcimiento de cenizas y otros residuos”. La Asociación vecinal San Pedro Regalado también se encuentra junto a los vecinos de los Viveros en esta reclamación.
Ya adjuntaron fotografías y vídeos para demostrar que en la combustión del horno crematorio, en vez de finalizar con humo blanco “vapor de agua”, lo que sale “es un humo totalmente negro y contaminante, acompañado de residuos sólidos”. Sin ir más lejos, el vídeo que ilustra esta noticia corresponde a una cremación de esta misma semana. Las imágenes hablan por sí solas.

 

Se quejan los afectados de que las autoridades municipales aún no han hecho nada con respecto a esta situación, que comenzó en 2013 cuando el tanatorio Grupo El Salvador reformó sus instalaciones e instaló el horno crematorio. Los vecinos han alertado también que en las proximidades hay dos colegios, el Juan XXIII y el de la Milagrosa, además del Campus Universitario Miguel Delibes.

¿Y si estás pagando más?Calcula en sólo 2 minutos cuánto podrías ahorrar en tu seguro de cocheCalcular ahora
Desde el vecindario se ve con preocupación la petición por parte de la empresa de pompas fúnebres de una segunda licencia para instalar otro horno crematorio.  Entonces se emitió un informe que fue remitido a la concejal de Medio Ambiente y Sostenibilidad del Ayuntamiento de Valladolid, María Sánchez. En ese escrito se alertaba de “las emisiones de contaminantes de origen químico con la emisión de dioxinas y furanos que, por su toxicidad y capacidad de bioacumulación, se traducen en un riesgo potencial para la salud”, se asegura.

 

El informe advierte también de que en el proceso de cremación también son “significativos” los niveles de generación de metales pesados, en especial la emisión de mercurio, cuyo nivel de toxicidad es reconocidos por la Comisión Europea.

 

Argumentan “la presencia de centros educativos colindantes con la actividad o en la proximidad de las mismas, un importante nivel de población mayor en los barrios limítrofes” como sectores “con un mayor riesgo de afección cardiorespiratorias, y que debería ser considerado a la hora de autorizar este tipo de instalaciones en zonas residenciales, más cuando son sectores a proteger con una mayor intensidad”.

 

Insisten en este escrito de “la presencia de deposiciones de material particulado proveniente de las emisiones generadas” y de “olores”. Es por todo ello que los vecinos solicitan “la no licencia ambiental de la instalación” del nuevo horno crematorio “por los riesgos para la salud que este tipo de instalaciones pueden generar en zonas residenciales”. Asimismo, piden la “revisión de la actual licencia ambiental de la actividad existente” con el objeto de incluir en su condicionado ambiental “la aplicación de las mejores técnicas disponibles y mejores prácticas ambientales a la instalación en uso” y citan algunas de ellas: “la presencia de un horno crematorio que cumpla con los requisitos mínimos de temperatura, tiempo de residencia y oxígeno y que pueda demostrar su cumplimiento”.

 

Quieren “un equipo adecuado para el control de la contaminación atmosférica, además de la inhumación de todo el material recolectado en condiciones cultural y ambientalmente adecuadas”. Entre las medidas que proponen en el escrito figura las “cámaras de combustión y revestimiento herméticos y operar a presiones reducidas con objeto de evitar liberaciones accidentales, monitorizar las temperaturas de gases para los sistemas de control se ciñan a los criterios de temperatura mínima, además del control efectivo de la operación, inspección y mantenimiento preventivo de componentes que, en caso de fallos, puedan liberar contaminantes orgánicos persistentes y afectar al medio ambiente”.


«He enterrado a seis con coronavirus, pero puede que fuesen más sin saberlo» (La Voz de Galicia)

Jacinto Barreiro afirma que el trabajo del sepulturero se ha vuelto «más triste que nunca» sin gente en el cementerio
ÓSCAR VÁZQUEZ

ALEJANDRO MARTÍNEZ
VIGO / LA VOZ 30/04/2020 05:00 H

Jacinto Barreiro lleva diez años trabajando como enterrador y nunca como hasta ahora su profesión había sido tan triste, con sepelios sin apenas gente y extremando las medidas de seguridad para no contraer el covid-19.

-¿Ha aumentado su trabajo por el coronavirus?

-No lo noto demasiado. El volumen de trabajo continúa siendo el mismo, aunque es cierto que ha muerto más gente. También por estas fechas suele haber muchos fallecimientos por gripe normal de gente que ya estaba pachucha. Los fallecidos por coronavirus están muy repartidos en toda Galicia, así que no se percibe un especial aumento de la actividad. Además, creo que han crecido las incineraciones. Yo también me encargo de hacer lápidas, la gente no viene a encargarlas y se ha notado mucho el descenso en ese sentido.

-¿Cuántas personas ha enterrado con coronavirus?

-Yo creo que a seis personas. O, a lo mejor, puede que a alguno más sin saberlo, sin haberme enterado de que tuviera la enfermedad.

-¿Y cómo son esos entierros?

-Resulta muy triste la estampa. Ves que solo vienen tres familiares. Nada más. Da mucha pena cómo son ahora los entierros. El cura da un pequeño responso y no entra a la iglesia. No viene la gente como venía antes.

-¿Hay gente que intenta entrar en los cementerios?

-Están cerrados al público. Si abren es para que entren los pocos familiares autorizados y nadie más. En algunos parroquiales sí ves gente. Algunos no están candados y se puede entrar. El otro día fui a un enterramiento y me encontré con dos personas que estaban poniendo flores en un nicho.

-¿Han tenido que reforzar la plantilla?

-Yo no lo he necesitado. En estos dos meses hice seis entierros por el coronavirus y no ha sido un aumento de trabajo que haga necesitar un aumento de la plantilla.

-¿Han tenido que tomar medidas especiales?

-El otro día enterramos a un difunto en Candeán y la presidenta del cementerio nos advirtió que la familia podía estar también contagiada. Así que pusimos una cinta para que la gente no se nos arrimara y eliminar cualquier riesgo de contagio. Cuando es un entierro normal, al momento la gente se te echa encima. Se te ponen al lado, que no te dejan ni dar la masa. Tocan la caja y le dan besos. Pero en estos casos nada. Son tres y están lejos de ti. La chica nos dijo de poner un perímetro para que estén a cinco metros de distancia. No es por el fallecido, que la caja viene desinfectada, sino por si los familiares pudieron haber contraído la enfermedad.

-¿Deben protegerse?

-Hay que hacerlo con guantes y mascarillas. Nunca un enterrador usaba mascarilla. Tampoco el personal de la funeraria llevaba guantes para coger la caja. Ahora los porteadores de los féretros vienen con mascarilla y con guantes. Y el cura también se pone un poco lejos.

-¿Qué sensación le produce?

-Es rara y triste porque no estamos acostumbrados. Impone un poquito que la familia no vaya. Hay mucha gente que muere con cinco o seis hijos y da pena que solo dejen pasar a tres. Es una lástima porque también tienen nietos. No se cómo lo pasarán cuando van al tanatorio, allí ni los pueden velar ni nada. En los pueblos siempre va mucha gente a darle el último adiós a las personas queridas y ahora no pueden hacerlo. Ahora, entre el funerario, el enterrador y el cura ya somos más que la familia que acude a despedir al difunto. Los entierros son más tristes que nunca sin gente en el cementerio.

-¿Ha cambiado mucho el protocolo?

-Los enterramientos por coronavirus se están poniendo por la mañana. No sé si tendrá que ver con eso.

-¿Ya no ayudan a sacar las flores del coche fúnebre?

-Casi no llevan. Unas semanas atrás las floristerías no podían trabajar. El enterrador ayuda generalmente a la funeraria, pero ya no es lo mismo.

-¿Siente que están ustedes en primera línea contra el coronavirus?

-Algo sí. Pero trato de no establecer mucho contacto con mis clientes por seguridad. Hay familias que te dicen que no pueden estar conmigo para contratar la lápida porque han estado en contacto con enfermos. Pero si no te dicen nada te puedes contagiar. Trato de no estar con ellos y hablar por teléfono y no quedar con las familias, mientras continúe el riesgo de contagiarse con el coronavirus.


Las muertes en Euskadi vuelven a sus cifras habituales tras crecer un 75% el último mes (El Correo)

El sector funerario ha visto dispararse la demanda de enterramientos y de servicios de cremación al crecer las muertes de forma exponencial. / MANU CECILIO
Las estadísticas que Sanidad obtiene de los registros civiles y las de los profesionales del sector dejan de detectar excesos de óbitos desde el día 22

EVA MOLANO Sábado, 2 mayo 2020, 00:38

Los fallecimientos remiten en Euskadi tras la fase más letal de la pandemia. Los profesionales funerarios y las estadísticas observan que la mortalidad vuelve a los ratios habituales desde el día 22, tras dispararse más de un 75% durante las cuatro semanas previas, según el observatorio del Centro Nacional de Epidemiología, conformado por expertos del Instituto de Salud Carlos III, que publica desde el 19 de marzo informes diarios con la información sobre la mortalidad en todo el país por el impacto del coronavirus.
Los expertos, que obtienen la información de 3.929 registros civiles informatizados del Ministerio de Justicia, comparan las cifras de finados con las estimaciones de mortalidad esperada, que se realizan mediante modelos de medias históricas basados en los datos de defunciones registradas entre el 1 de enero de 2008 y el año pasado. Los últimos informes de este organismo vinculado a Sanidad (el más reciente es del 29 de abril) se refieren al día 22 como el último en el que se detectó exceso de mortalidad en Euskadi tras las cuatro semanas más críticas. Según los datos comunicados por los registros civiles, entre el 25 de marzo y el 22 de abril fallecieron 2.985 vascos, cuando la mortandad esperada por los registros era de 1.703. Es decir, murieron 1.282 más. Entre esos mismos días, el Gobierno vasco reconoció 1.038 fallecimientos con o por Covid-19.

Mayores
En sólo 28 días, han muerto 2.369 vascos de 75 años o más, 1,080 más de lo habitual en el periodo
Las cifras que publica Epidemiología ofrecen una radiografía del verdadero impacto del virus, ya que Euskadi, al igual que Sanidad, solo contabiliza a los fallecidos a los que se ha practicado la prueba PRC, sin que formen parte de las estadísticas los enfermos que mueren sin que les hayan hecho el test. Los profesionales del sector funerario explican que atienden muchos casos de fallecimientos de coronavirus no declarados. Además, es en las personas mayores donde la mortalidad se ha disparado en mayor medida. De entre los 2.985 fallecidos en Euskadi entre el 25 de marzo y el 22 de abril, 2.369 personas tenían 75 años o más. Son 1.080 más que los finados de esta franja de edad que auguraban los registros en una situación de normalidad. Un exceso del 84%.

Este sistema de monitorización de la mortalidad, denominado ‘Momo’, llegó, además, a detectar picos aún más elevados de muertes en Euskadi. Se dispararon en más del 85% entre el 25 de marzo y el 16 de abril. Durante los primeros seis días, se produjeron 663 óbitos. En los siguientes 16 hubo 1.817 víctimas más, a razón de 115 por jornada, frente a las 59 que hubo, como media en abril de 2019. A nivel nacional, han fallecido 78.096 personas entre el 17 de marzo y el 28 de abril. El exceso de muertes es del 64.6% en toda España: ha habido un «exceso» de 30.662 víctimas.


Las funerarias demandan concreción en las medidas de la desescalada (La Voz de Galicia)

Preguntan en quién recaerá controlar que las iglesias solo estén al 30 % de aforo
MIGUEL SOUTO

ROCÍO RAMOS
LALÍN / LA VOZ 02/05/2020 05:00 H

La nueva normativa que regirá en la desescalada está generando dudas en las funerarias, que están a la espera de que las medidas se concreten una vez se publique en el Boletín Oficial del Estado. Mientras tanto ven lagunas o al menos cuestiones que no están claras. Una de ellas es el anuncio de que los velatorios podrán celebrarse pero con aforo reducido. La pregunta que se hacen en las empresas del ramo en la zona es ¿qué se va a entender por aforo reducido?. Otra es quién se va a encargar de contar o hacer cumplir que las iglesias en el culto de la celebración de un funeral esté solo ocupado el 30 % del aforo.

Mari Paz Vázquez Fernández, de la funeraria Curroliño de Rodeiro y el velatorio Virgen del Faro, explica que «faremos o que nos mande Sanidade, unha vez saia o decreto pero de momento non sabemos nada, igual nolo din o día antes». El 11 de mayo es la fecha anunciada para que se puedan celebrar de nuevo velatorios aunque no puedan ser lo mismo que eran antes.

Delfín Taboada, de la funeraria Jesús Taboada de Lalín, y Mari Paz Vázquez coinciden en que va a tener más problema controlar el aforo en las iglesias y se preguntan quién tendrá que ejercer de policía mortuorio, por llamarlo de alguna manera. Coinciden en que no sería un papel de las funerarias y que ellos no son quienes de decir quién puede y quién no entrar en una iglesia, además de no creer que los curas vayan a hacerlo.

Delfín Taboada señala que «a igrexa de Lalín ten un aforo de 250 personas, co que poderían entrar unhas 60, pero ¿quen as vai a contar?». Hay templos del rural en las que la cosa se complica. Taboada pone el ejemplo de un templo «no que caben unhas 40 persoas, co que atendendo a normativa só poderían entrar oito, e ¿que pasa si cando chega a familia co morto xa hai xente dentro da igrexa, qué pasaría, a familia non podería entrar?», se pregunta. Son situaciones que se darán posiblemente a diario y para las que las funerarias no tienen respuesta. Afirman que en los velatorios y en sus instalaciones son ellos los responsables y acatarán las normas, una vez sepan exactamente de qué cifras se habla cuando se exige aforo reducido. Quieren saber el número para transmitirlo a la familia y organizar posibles turnos entre familiares y amigos para ir al velatorio.

Ambos defienden que ni Lalín ni Rodeiro son Madrid o donde puede haber tanatorios con más de 30 salas y muchos velatorios a la vez, que se traducen en un volumen importante de gente. Aquí las salas tienen bastantes metros y con un poco de sentido común no habría problema, Consideran que hay cuestiones que parecen estar pensadas para las ciudades pero, apunta Delfín Taboada, «as normas non poden ser iguais para todos porque as realidades son diferentes nunhos sitios e noutros». Harán, dice, estrictamente lo que se les pida de forma oficial. Hasta ahora las pautas las dictaba la Xunta.

Prohibición de vestir o maquillar a los fallecidos y fin de los féretros abiertos

La normativa durante este tiempo de confinamiento trajo normas muy dolorosas para las familias. En las funerarias de la zona creen que lo peor fue la reducción a tres personas en el cementerio. Defienden que aquí la familia no va a coincidir con nadie y esa limitación tan estricta dejó fuera a hijos, entre otro parentesco muy directo. Creen que no tenía sentido que de la funeraria vayan cuatro para llevar el féretro y sean tres de familia.

María Paz Vázquez explica que «non podemos tocarlle a persona que morre, nin vestila, nin facer ningún traballo de estética nin nada». Eso hace que «os mortos témolos que envolver nun doble sudario e van a caixa tal e como están».

Una situación que suma más dolor a la pérdida. Cuenta el caso de una casa en la que falleció una persona mayor y en la que vivían otras ya octogenarias. «Cando chegamos tiñanos a roupiña dobrada e preparada enriba da cama para vestila e cando lle tivemos que explicar que non podíamos a xente quedou rota», apunta. Delfín Taboada dice que «os velatorios ca caixa aberta e o cadáver á vista acabaronse».


“Tres familiares en un velatorio son muy pocos, es algo muy duro” (La Región)

Elisabet Fernández
03/MAY./20

El presidente de la Asociación Provincial de Pompas Fúnebres de Ourense asegura que “los tanatorios y los cementerios, con medidas de seguridad, pueden aumentar su aforo”.

La labor de acompañamiento de los profesionales de servicios funerarios ha pasado del papel secundario al principal desde el 14 de marzo, cuando entró en vigor el estado de alarma. La pandemia del coronavirus deja en la retina del sector imágenes muy dolorosas de fallecidos que reciben sepultura sin funeral y sin familiares presentes en el entierro. Las restricciones a tres personas para velar un cadáver y a cero si el fallecimiento es por coronavirus (las víctimas van directamente al panteón) han trastocado la rutina de estos profesionales en una tierra donde el culto a la muerte es sagrado.
El presidente de la Asociación provincial de Pompas Fúnebres, Antonio García-Aliende, ya habla de consecuencias psicológicas para un sector que ronda el centenar de empresas en la provincia, mayormente familiares. Ourense es de los territorios españoles con más funerarias. Pero antes, la reivindicación. Los funerarios piden que los tanatorios para velar a los muertos abran ya, limitando el aforo y con medidas de seguridad. El plan de desescalada contempla que, al igual que las iglesias, abran a partir del 11 de mayo.

¿Las funerarias de la provincia están saturadas?

Tanto como saturación no, estos últimos días hubo repunte de fallecimientos pero la cosa vuelve a estar estabilizada.

“A este paso, volveremos antes a un bar que a despedir a un padre”. Frase dura en declaraciones a La Región. ¿Cree que el 11 de mayo es tarde para abrir los tanatorios con mayor aforo?

Hay un criterio en el ambiente funerario que es que la despedida del ser querido es necesaria. La situación que se está dando para la familia es muy dura en estos momentos. El perder a tu padre, ya no digamos un hijo, que te lo metan en la caja que va prácticamente a la sepultura, es muy duro. Hay que tenerlo en cuenta para que, cuando se pueda, velar con el aforo limitado, que la familia más próxima puede acercarse. Con todas las condiciones y medidas de seguridad, por supuesto.

¿Tres personas como máximo para velar al difunto es, quizás, muy restrictivo?

Me parecen muy pocas tres personas en un cementerio y en un tanatorio. Se puede tener en cuenta el aforo del establecimiento, que tenga un porcentaje. Si antes era para 40 personas, no digo que vayan 40 a partir de ahora, pero tres personas exclusivamente… Es muy poco. Y en la despedida del cementerio, que no deja de ser un sitio abierto…Igual. Una persona de 80 y pico años, acompañado por un hijo solo, ¿si tiene cuatro hijos, que van dos? Es muy duro eso. En un sitio abierto como un cementerio, que no se abracen y que mantengan las distancias, y podrían ir los familiares. El tema de compadreo y de los abrazos, aunque cueste, hay que evitarlo. Eso lo tenemos claro.

Trabajan con la muerte. ¿Recuerdan una situación tan dura para el sector funerario como esta o similar?

No. Algo como esto no había pasado. Nunca. Y no poder hacer el duelo rompe el esquema al que estamos acostumbrados.

¿Cómo se prepara como profesional para ser el único acompañamente de la familia en estas circunstancias? Con las víctimas de coronavirus no se permite la presencia de familiares.

Protección, protección y protección. Ahora más. El contagio a un funerario no le va a venir por un fallecido, sino por la gente que está asistiendo al cementerio y va sin protección. No podemos andar dando la mano ni tocar, tenemos que tener eso claro.

¿La manera en la que damos el pésame va a cambiar para siempre tras esta crisis?

Las costumbres que tenemos no son de 15 días. El pésame no es una moda en nuestra tierra. Hay mucha diferencia del comportamiento en los actos fúnebres de Galicia a Castilla, por ejemplo. Es historia de una población. Hay temor, pero tengo confianza en que cuando se estabilice la situación, la gente va a seguir comportándose como se comportaba. No es una moda.

¿Cómo afecta el estado de alarma al negocio?

Al sector le afecta porque te sientes extraño, dejando aparte el tema económico. Te da la sensación de que falta algo en el servicio que estás prestando. La persona que pierde a un ser querido merece el mejor trato posible, te da la sensación de que no te comportas como es debido. Duele.

¿Y a nivel económico?

A nivel empresa habrá de todo. Se han prohibido los autocares, las esquelas… El entierro es un acto social, tú lo comunicas para que la gente venga. Si no van a poder venir… Es un bajón tremendo de negocio para muchos sectores.

¿Cómo van a ser los entierros que han quedado pendientes? Desde el Obispado plantearon la posibilidad de funerales comunes. ¿Lo ve viable?

Lo que querríamos saber es dónde y cómo vamos a meter todas las misas de funerales de dos meses atrasados. Esa gente va a querer ponerlas un sábado, también van a querer ponerlas un sábado los de los aniversarios… No sé, tendrá que decir algo la Iglesia.

Fallecidos de Madrid han sido trasladados a crematorios gallegos por la saturación en la capital. ¿Ourense ha tenido que cubrir esta demanda?

No puedo garantizarlo, pero es cierto que se están empleando hornos de otras provincias para hacer incineraciones fuera de Madrid.

¿Qué es lo más duro para los profesionales funerarios?

Ver la situación en la que se ve la familia. Te involucran. Este es un trabajo en el cual tienes que tener una capacidad de no meterte en la piel de los demás, porque sino sería una vida de estar todos los días teniendo tú un fallecido. Hay que ser aséptico. Pero hay momentos en los que te sientes muy mal.

¿Traerá consecuencias psicológicas en su sector?

Me imagino que sí. He tenido compañeros que han fallecido estos días, estoy en una edad importante y veo a las mujeres y maridos amigos y los veo fuera de contexto y pasándolo muy mal. Te involucra.


21 gramos a 950 grados (El Correo)

En el tanatorio. Nadie les aplaude, pero ellos también se están dejando el alma frente al virus. Los funerarios son los únicos que ahora acompañan a nuestros muertos. Así trabajan

JORGE BARBÓLunes, 4 mayo 2020, 00:33

950 grados. Es la temperatura exacta que ha de alcanzar un horno crematorio para incinerar a una persona. 21 gramos, como la película, (aunque en realidad y para ser exactos son 21,3). Es lo que pesa el alma, según las conclusiones a las que llegó en 1907 el fisiólogo Duncan MacDougall. Son las nueve de la mañana y aquí, en la funeraria Virgen Blanca de Vitoria, acaban de abrir la llave del propano del horno. Todavía está frío. Apenas 65 grados. Al mismo tiempo, en la otra punta de la ciudad, yace un cuerpo, otro más. Está aún caliente. Acaba de perder 21 gramos.
Aquí hay más muertos (cinco) que vivos (cuatro). Hace ahora tres semanas ya, cuando EL CORREO pasó toda una mañana en este tanatorio, los funerarios apenas tenían tiempo para tomar aliento. Los teléfonos sonaban a cada momento para recibir un nuevo aviso. Un servicio se solapaba con una conducción, con una incineración. Ahora la situación también se empieza a aliviar aquí, en esta funeraria que recibe justo en las tapias de El Salvador.

Ellos, a los que nadie aplaude, también se están dejando el alma durante esta crisis sanitaria. Ellos, los funerarios, son los únicos que ahora pueden acompañar a nuestros muertos. Su labor es más necesaria y más descarnada que nunca. Han visto de todo. «Pero nada, nada así, nada como lo de ahora». Con eso de ‘lo de ahora’, Javier Campayo, 20 años en el negocio de las pompas fúnebres, se refiere a los ataúdes cerrados a cal y canto. A los cuerpos embolsados y precintados. A esos muertos sin nadie quien les vele. A los entierros más tristes jamás llorados. Así es la nueva muerte en esta nueva vida que nos ha traído el virus. Así trabajan.

En la funeraria custodian 80 urnas de fallecidos. «Hay familias en cuarentena que no han podido recogerlas»
El director del complejo, Alberto Zapatero, ejerce de cicerone por las instalaciones, que desprenden un omnipresente olor a desinfectante. Invita a pasar a ese cuartito que se utiliza como muestrario de ataúdes. «Ahora que a los entierros no puede ir casi nadie, la gente está optando por el modelo más básico». Se trata de un féretro de madera clara, modesto pero digno. Cuesta 1.000 euros, lejos de ese arcón con empuñaduras doradas que alcanza los 5.500 euros y que ya nadie pide.

El recorrido sigue por las cinco salas de vela, que están desiertas y ocupadas a la vez. A falta de velatorios, se utilizan como cámaras frigoríficas. Los ataúdes permanecen aquí, cerrados bajo llave en todo momento, a una temperatura constante de 7 grados. «Resulta muy extraño ver esto tan vacío, normalmente están muy concurridas, algunas veces esto parece un 4 de agosto», ilustra Zapatero mientras invita a franquear una puertita, que conduce a la zona de trabajo de los funerarios, esa parte de atrás que nadie, salvo ellos, puede ver. Esta es una excepción.

En un rincón, sobre un escritorio y también dentro de un armarito de oficina, aguardan 80 urnas fúnebres, todas etiquetadas con los nombres de los que fueron. Polvo eres, en polvo te convertirás. Y tu urna polvo cogerá hasta que te pasen a buscar. «Hay muchos familiares que están en cuarentena porque habían convivido con la persona fallecida y por eso no han podido recogerlas», evidencia el responsable del tanatorio.

Se abren los portones del garaje, donde los coches fúnebres, de carrocería reluciente, están aparcados en batería. De una furgoneta baja Miguel Castresana, trajeado, con el gesto serio, con guantes y mascarilla. Con sumo cuidado, saca en una camilla un bulto envuelto en una especie de saco de color blanco. Es el cuerpo sin vida de una señora.

No sabes quién es, no la conoces de nada, pero resulta estremecedor ver pasar esa camilla con ruedas chirriantes (ñi-ñi-ñi) que empuja su compañero, Luis Zárate. A su paso, no sabes qué hacer, así que te cuadras como un militar ante un caído. «No ha fallecido por coronavirus, pero el protocolo es muy parecido, solo cambia la protección que utilizamos para recoger el cuerpo», asegura el funerario, mientras se dirige a la sala de preparación.

Reservas. Pilas de ataúdes embalados aguardan en el almacén de la funeraria. «Nadie entendería que un funerario se quedara sin cajas». Abajo: Respeto. Miguel y Javier, a punto de introducir un cuerpo en un ataúd en la sala de preparación. A la derecha: Precaución. Los fuenerarios acuden a un domicilio para recoger a una persona que acaba de fallecer. No conocen con certeza las causas de la muerte, por lo que aplican el protocolo del virus. / IGOR MARTIN
Sin amortajar
El espacio está equipado con una mesa de acero inoxidable, con desagües diseñados para evacuar los fluidos corporales que ya no se utiliza. Aquí, los funerarios se limitan ahora a introducir el cuerpo, ya embolsado, en el ataúd. Este virus ha cambiado algo tan atávico como el ritual de amortajar al cadáver, peinarlo y maquillarlo, vestirlo con un sudario.

Hay un contenedor específico para depositar los marcapasos de los finados. Estos dispositivos se suelen extraer antes de cremar los cuerpos para evitar daños en el horno. Ahora, por supuesto, este tipo de intervenciones están completamente prohibidas. El contacto con los cadáveres es el mínimo imprescindible.

Los funerarios se limitan a introducir los cuerpos en unas bolsas negras «especialmente grotescas» con cierre hermético
«Cuando recogemos a una persona fallecida con coronavirus, siempre trabajamos con trajes de protección completos y nos limitamos a introducir el cuerpo en unas bolsas especiales que, la verdad, son especialmente grotescas», explica el director de la funeraria. En efecto, lo son. Herméticas, de color negro y del grosor de un impermeable, se fabrican en rollos continuos. Sí, recuerdan demasiado a las de basura que utilizamos en casa.

Analizado en frío, ahora la labor de estos hombres trajeados ha pasado a ser la de gestores de residuos humanos. Pero ellos, a pesar de la monotonía, a pesar de las jornadas interminables, a las llamadas de madrugada, a los fines de semana y los festivos sin librar, a pesar de todo, no pierden la solemnidad en su trabajo. Incluso en las circunstancias más duras. Uno de ellos, Javier, ha perdido a su padre en medio de esta pandemia. Pasó el duelo trabajando, velando a los muertos de otros.

En la oficina, suena el teléfono. Una vida se acaba de apagar en un domicilio. Ante la duda, activan el protocolo para recoger un cuerpo con coronavirus. Avisan de su llegada a través del telefonillo y se colocan los trajes de protección en el portal. Cambian el luto de su uniforme por el blanco aséptico. A los pocos minutos, los funerarios bajan por el ascensor con una de esas camillas plegables, de esas que se utilizan para transportar a los heridos y los caídos en el campo de batalla. Encima, amarrado con cinchas, un cuerpo embolsado, dentro de una funda de color verde oscuro que desinfectan antes de introducir en el coche fúnebre. Lo mismo harán de regreso al tanatorio. Rociarán el ataúd con una solución desinfectante, igual que los curas bendicen los féretros con el hisopo.

Es mediodía. El horno ha alcanzado los 950 grados ya. El ataúd está dispuesto frente a la boca, dotada de un automatismo automático. La chimenea del tanatorio escupe un humo muy denso. Es una exhalación que apenas dura unos segundos. Tan negra, concentrada, recuerda a una de esas bandadas de estorninos, que vuelan siempre juntos. Pronto se diluye en la inmensidad del cielo. Ahí va una vida, otra más.


El sector funerario lanza una campaña para homenajear a los fallecidos y destacar su papel (Europa Press)

MADRID, 4 May. (EUROPA PRESS)
La Asociación Nacional de Servicios Funerarios PANASEF ha puesto en marcha una nueva campaña audiovisual con el objetivo de homenajear a los fallecidos por la pandemia del coronavirus COVID-19 y destacar el papel de las empresas de servicios funerarios dentro de la cadena sanitaria.

En concreto, PANASEF invita a las familias a recordar a sus seres queridos fallecidos con un “gracias”, recordando sus costumbres, sus risas, etcétera, proponiendo una manera diferente de despedida en un momento en el que no se les ha podido decir adiós.

“Detrás de las cifras de fallecimientos por el coronavirus hay historias humanas, amigos, padres, compañeros de trabajo. Unos fallecidos que, por las circunstancias del momento, no han podido ser despedidos como a sus familiares y a las empresas funerarias nos hubiera gustado. Y sabemos que la despedida es parte fundamental para comenzar a trabajar el duelo. Por ello, desde el sector funerario los hemos querido despedir y homenajear con un GRACIAS”, ha comentado el secretario general de PANASEF, Alfredo Gosálvez.

El sector funerario es consciente de que la despedida es necesaria para elaborar un buen duelo. Por ello, numerosas empresas de servicios funerarios se han puesto a disposición de las familias afectadas para que, una vez finalice la pandemia, se puedan realizar actos de homenaje y las familias puedan honrar y despedir a sus seres queridos.

Asimismo, PANASEF ha lanzado un segundo vídeo locutado por Eduardo Bosch, actor de doblaje de Jon Nieve en la serie Juego de Tronos, para destacar el papel de los servicios funerarios en esta pandemia, “una de las experiencias más difíciles a las que nunca se ha enfrentado” el sector, según aseguran.


Los seguros de deceso deben devolver el coste funerario de los servicios no prestados por el coronavirus (Público)

La Ley de Contrato de Seguros indica que las aseguradoras deben devolver el dinero de los servicios no prestados por causas de fuerza mayor, tal y como recuerdan las organizaciones de consumidores.

MADRID

04/05/2020 23:14
ALEJANDRO TENA

@Alxtena
La pandemia ha transformado la vida en menos de dos meses, pero también la muerte. Llorar la pérdida de un ser querido es más difícil que antes, dadas las circunstancias del confinamiento. Tanto es así, que miles de personas han fallecido en la soledad absoluta sin un adiós último ni un rito funerario que permita sellar con más facilidad esas heridas. Esta realidad que afecta a los servicios funerarios tiene también sus consecuencias para los ciudadanos que durante años pagaron en silencio la cuota del seguro de decesos pensando que, cuando llegase el último adiós, tendrían unas exequias dignificantes.

Así, debido a los riesgos de contagio, el Gobierno selló las actividades funerarias al poco de darse el inicio del estado de alarma, restringiendo la presencia de familiares en los tanatorios y enfriando un proceso ritual que por sí es demasiado gélido. Esto ha propiciado que muchos familiares no hayan podido recibir todos los servicios funerarios contemplados en la póliza de seguros. Sin embargo, tal y como señalan fuentes del Ministerio de Consumo, los ciudadanos tienen cierto amparo económico, ya que la ley señala que las aseguradoras de decesos deben devolver el dinero relacionado con los costes de los servicios funerarios que no hayan podido prestar por las circunstancias “de fuerza mayor”; en este caso, por la pandemia.

Así lo explicita la propia Ley 50/1980, de Contrato de Seguro, en cuyo artículo 106 especifica que “en el supuesto de que el asegurador no hubiera podido proporcionar la prestación por causas ajenas a su voluntad, fuerza mayor o por haberse realizado el servicio a través de otros medios distintos a los ofrecidos por la aseguradora, el asegurador quedará obligado a satisfacer la suma asegurada”. Se trata de una norma que atiende a causas excepcionales que en estos tiempos pueden servir a miles de afectados por la situación de la covid-19.

Cómo defender una muerte digna también en esta pandemia
BEATRIZ ASUAR

“Nos consta que la mayoría de las empresas está llevando a cabo estas devoluciones, pero es importante recalcar que las empresas que no lo estén haciendo están incurriendo en una mala práctica, ya que los herederos tienen derecho a reclamar los importes relativos a los servicios no prestados”, manifiesta la directora general de Consumo, Bibiana Medialdea.

Enrique García, portavoz de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) explica a Público que esta norma no sólo ampara a los familiares de difuntos por covid-19 que tuvieran una póliza de deceso, sino a todos las personas que hayan fallecido durante el estado de alarma, ya que el Gobierno emitió una orden excepcional que afecta a todos los velatorios y ritos con la intención de frenar la propagación del virus. “Los afectados deben pedir a la aseguradora una relación entre los servicios que se han prestado realmente y los que se tenían contratados, de tal forma que se devuelva el dinero de la parte funeraria que no se ha llevado a cabo”, manifiesta el experto, que recomienda que se pida “siempre por escrito” para poder reclamar.

De hecho, desde la OCU denuncian la falta de transparencia del sector durante las primeras semanas de la pandemia, cuando las cifras de muertos se disparaban y el Gobierno se vio obligado a congelar los precios del sector. “Criticamos que en la mayoría de las funerarias no se podía acceder a esos precios, ahora hay obligación de que se de información del precio”. Tanto es así, que un estudio realizado por la organización de consumidores detallaba que de 37 funerarias, de 50 que fueron consultadas, no mostraban ningún tipo de información relacionada con el precio de sus servicios funerarios y sólo 5 mostraban un precio detallado.

El negocio de la muerte: opacidad y tendencia al monopolio
ALEJANDRO TENA

Por otro lado, desde la OCU señalan que el precio de los seguros de deceso “no salen a cuenta” a los consumidores, ya que, según uno de sus estudios, se termina pagando un porcentaje muy alto en primas, lo que eleva el coste final por encima del capital que realmente se ha asegurado.

Así, con los últimos datos que dispone la organización, un Español que hubiera contratado una póliza a los 65 años y falleciera a los 85 habría pagado 3.473 euros más del capital que realmente habría asegurado.

En relación a la situación funeraria derivada de la emergencia de la covid-19, desde Facua-Consumidores en Acción, recuerdan en un comunicado que las empresas funerarias no pueden establecer un precio superior al que tuvieran antes del 14 de marzo, momento previo al estado de alarma, por lo que los usuarios pueden reclamar devolución de dinero. “Esta limitación también es aplicable en el caso de los servicios contratados a través de un seguro de decesos”, concluyen desde la organización.


Funerarias: La tragedia sobre sus hombros (El Día Segovia)

Sergio Arribas
– lunes, 4 de mayo de 2020

Cada llamada era un pequeño sobresalto. En un solo día, la funeraria Santa Teresa anotó hasta 58 avisos para recoger a difuntos, la mayoría por Covid. La empresa calcula que pronto sumará más de un millar de servicios desde mediados de marzo.
La oficina llegó a estar irreconocible. Nunca fue escenario de una actividad tan frenética ni tuvo una decoración tan recargada. Unos empleados al teléfono; otros de aquí para allá, espoleados por el estrés, para coger o dejar documentos; papeles que ocupaban todas las mesas y buena parte de las cristaleras de las ventanas. La oficina de la Agencia Funeraria Santa Teresa recordaba, hace menos de dos semanas, a los grandes despachos de los controladores aéreos; con paredes forradas de papeles cargadas de información, en este caso con calendarios para anotar fechas y horas de enterramientos en los cementerios de la provincia y de incineración en los dos crematorios de la empresa, en Segovia y Cuéllar.

Bien valía poner la oficina ‘patas arriba’ para garantizar la organización y control de aquel aluvión de trabajo; una oficina donde, por seguridad, no podían entrar todos los empleados ni, por supuesto, los familiares de los fallecidos, que aún hoy entregan y firman los documentos en la zona de recepción para evitar cualquier contacto.

Todo había cambiado, también para los empleados encargados de recoger los cuerpos de los difuntos; un personal instalado en nuevas rutinas y protocolos, algunos adoptados unos días antes de la declaración del estado de alarma. Desde entonces acuden al Hospital General, residencias de mayores o domicilios, enfundados en buzos, con dobles guantes y mascarillas. Es en el momento de retirar el cadáver cuando comprueban el certificado de la muerte y si ha fallecido a causa del coronavirus. La experiencia dicta la conclusión: el ‘bicho’ ha matado a la inmensa mayoría de quienes ha recogido la funeraria en el último mes y medio.

Dos empleados de Santa Teresa, con la indumentaria para un enterramiento. – Foto: Rosa Blanco«Era de película», describe el propietario de la funeraria, Óscar de la Fuente, en recuerdo de aquellos días en los que en el ritmo de enterramientos en el cementerio municipal de Segovia era de un difunto cada media hora; o cuando entre incineraciones no distaba más de tres horas y media, el tiempo mínimo para la preparación y buen funcionamiento del horno crematorio.

Ellos son los que han visto la peor cara de la tragedia y la han llevado sobre sus hombros, como si de un féretro se tratase. Han estado a un milímetro del horror y quizá, por ello, son capaces de valorar la dimensión real de lo sucedido.

El coronavirus «ha multiplicado por seis la cifra habitual de fallecidos en toda España, esto no es un repunte, ha sido una catástrofe absoluta», afirma De la Fuente, que este mes de junio cumplirá 30 años al frente de la empresa funeraria, constituida por su abuelo en los 60, y que hoy cuenta con 27 tanatorios y velatorios en la provincia de Segovia, además de dos crematorios —en la capital y en Cuéllar—, con una plantilla de unas 90 personas.

Buzos, botas, mascarillas, guantes…. es el nuevo uniforme desde la pandemia. – Foto: Rosa BlancoLos datos de actividad de la Agencia Funeraria Santa Teresa dan fe de las impresiones de su propietario. Lo habitual era gestionar el enterramiento o incineración de entre 3 a 5 difuntos al día. Solo en los últimos doce días de marzo, del 20 al 31, la funeraria cumplió con 376 servicios, lo que supone una media de 31 al día; con jornadas especialmente negras, como el 25 de marzo (43 difuntos), el 27 de marzo (38), el 29 de marzo (58) o el 31 de marzo (29).

La pandemia ha pulverizado la estadística, la media de servicios que prestaba la funeraria, unos 120 al mes. A falta de contabilizar todos los datos, De la Fuente calcula que en un mes, entre mediados de marzo y abril, los servicios de enterramiento e incineración prestados por la funeraria alcanzan los 800 y que posiblemente llegarán, este viernes, 1 de mayo, a los 1.100. Sus cifras no cuadran con las ‘oficiales’, mucho menores. Al cierre de esta edición eran 192 fallecidos en el Hospital de Segovia, y hasta 376 muertes de internos de residencias de mayores, según datos de la Consejería de Sanidad.

«Ha habido un enmascaramiento de las cifras», opina De la Fuente, que desliza cómo antes de que estallara la crisis ya observó un anormal crecimiento de fallecimientos —según los certificados—a causa de neumonías. El Ministerio de Justicia ha encomendado a los forenses un estudio de todos los fallecimientos desde el 1 de enero, de manera que todas las funerarias, también Santa Teresa, tienen que remitir desde fecha todos los certificados de muerte para su verificación. Quizá entonces se sepa la cifra real de fallecidos por Covid-19.

Furgoneta especial para la recogida de cadáveres. – Foto: Rosa BlancoPor fortuna, en paralelo con el progresivo aplanamiento de la curva, las cifras han experimentado una disminución. «Estamos más tranquilos, con 7, 9 ó 12 servicios al día, nada que ver con el principio. Aún así estamos en alerta. El otro día salieron cuatro servicios en apenas cinco minutos… y, la verdad, te asustas un poco pensando en que la pesadilla puede volver a empezar», comenta.

Sin velatorios. Fue el jueves 12 de marzo cuando tuvieron que gestionar el primer caso  «certificado» de un fallecido por Covid-19. El difunto iba a ser trasladado de Madrid a  Segovia, donde la familia quería celebrar el velatorio y posterior sepelio. Sin embargo, la Agencia Funeraria Santa Teresa decidió, el viernes 13, suspender esta actividad en sus tanatorios y velatorios, en la capital y provincia, que suman casi 80 salas, donde familias y allegados den el último adiós al difunto.

Sabedor de que los besos y abrazos suponen la mejor propagación para el virus, De la Fuente, con el respaldo de los cuatro encargados de la empresa, suspendió todos los velatorios. «No podíamos ser un foco de infección ni poner en riesgo la salud de los empleados», afirma el empresario, que precisa que solo un miembro de la plantilla, una persona que trabaja en administración, causó baja por contagio, en circunstancias ajenas a la empresa.

La decisión de suspender los velatorios — «antepusimos la salud al dinero», recalca el empresario—fue comunicada a todas las instituciones, también a los alcaldes de la provincia «para que no se asustaran», y a la Delegación Territorial de la Junta, a cuyo titular, José Mazarías, se le pidió, el 17 de marzo, que anulara el artículo del decreto de policía mortuoria 16/2005 y que, en consecuencia, permitiera enterrar o incinerar sin respetar las 24 horas desde el fallecimiento para que los sepelios fueran más rápidos y no crear un colapso en Segovia; una medida que «fue referente después en toda Castilla y León».  De la Fuente también solicitó al Ayuntamiento que ampliara el horario de enterramientos en el cementerio Santo Ángel —era de diez de la mañana a una de la tarde— para poder inhumar «de sol a sol».  Antes de que se limitara el sepelio al acompañamiento de tres familiares, la funeraria ya puso limites en este mismo sentido.

Féretros precintados. El 75 por cierto de los servicios de la funeraria han sido a las Residencias de Mayores y al Hospital. El resto, han acudido por fallecimientos en el domicilio. En todos los casos, los empleados de la funeraria acuden con equipos de protección individual; con mascarillas de doble filtro, guantes de látex y de polipropileno, pantallas, gafas, buzos y botas especiales. El cadáver se introduce primero en un saco-sudario de PVC y después en una bolsa sanitaria estanca o limbo, antes de meterlo en el féretro, que se precinta con unas pegatinas y se identifica con una etiqueta.

La suspensión de los velatorios y la agilidad de los sepelios permitió que, pese a un aumento del 600% en la actividad, la funeraria segoviana no sufriera el colapso, a diferencia de lo ocurrido en Madrid, donde tuvo que intervenir el ejército y habilitar espacios en el Palacio de Hielo y la Ciudad de la Justicia para alojar los féretros. La funeraria segoviana cerró velatorios y tanatorios el viernes 13 de marzo, mientras que Madrid no lo hizo hasta diez días después, según explica De la Fuente, que se negó a las peticiones de funerarias madrileñas para traer cadáveres a incinerar a sus crematorios.

Parte de la plantilla de la Agencia Funeraria Santa Teresa, que dirige Óscar de la Fuente. – Foto: Rosa BlancoDurante la crisis, Agencia Funeraria Santa Teresa ha tenido que reforzar su plantilla, con personal de funeraria y enterradores, porque «los enterradores de los pueblos no querían hacer nada». «El motor de mi empresa —dice De la Fuente— son mis empleados. Aquí en el tanatorio, por ejemplo, han estado dispuestos a hacer más horas, a no tener días libres, Si ellos no hubieran trabajado como lo han hecho, no lo hubiéramos logrado», concluye.

«No teníamos tiempo ni de pensar». Oculto su rostro con una mascarilla que le cubre casi toda la cara, a Jonathan Fernández le brillan los ojos tras recibir, junto al resto de la plantilla de la funeraria, el agradecimiento, a las puertas del tanatorio, de policías, militares, sanitarios y bomberos por el esfuerzo realizado estos días. «Es una inyección de adrenalina», afirma el empleado, con traje negro y corbata del mismo color. «Han sido días duros, de tanto trabajo que casi no tenías tiempo ni de pensar», añade el hombre; mientras otro compañero, Martín Martín, con el mismo uniforme, asiente con la cabeza, antes de relatar su caso. «Mi mujer y mi hija están con mis suegros. Estoy en casa, viviendo con un compañero, que se tuvo que venir conmigo porque su mujer está embarazada. Todo por miedo a un posible contagio a la familia. Llevo mes y medio sin ver a mi hija, que solo tiene tres meses», explica.

Junto a Martín y Jonathan están Ignacio Urbieta, Juan Pablo Juan y David Ramírez, los tres enfundados en trajes buzos blancos, con mascarillas especiales —de filtros desechables—, los necesarios —aunque no obligatorios—para la recogida de cadáveres. «Hemos estado muy bien protegidos, con un montón de epis, gracias a Dios no nos ha faltado de nada (…) se tenía respeto a lo desconocido, pero luego te haces a ello», afirma Juan.

Policías, bomberos, militares y sanitarios rindieron homenaje al equipo de la funeraria, al que agradecieron su trabajo. – Foto: Rosa BlancoOtro de los empleados, Ignacio Urbieta, explica que han atendido a las familias «lo mejor que hemos podido». «Seguimos —añade— trasladando a los fallecidos con el máximo respeto. Sabemos que son momentos muy duros, porque además no les han podido velar, por eso hemos intentado darles una despedida lo más digna posible».


“Hoy es un nuevo día”, la emotiva campaña de Funespaña (Revista Funeraria)

Por Redacción
En Noticias,
Mayo 05, 2020

Funespaña ha publicado una campaña de comunicación dedicada a los profesionales que forman el Grupo Funespaña, así como a todas las familias que han perdido a ser cercano y querido.
Titulada ‘Hoy es un nuevo día’ nace con el objetivo de reconocer la especial labor y el esfuerzo que realiza el profesional funerario. “Esta figura es la responsable de atenuar, en la medida de lo posible, el gran dolor que sufre aquel que se enfrenta a la pérdida. Son momentos, como bien lo refleja la pieza audiovisual, en los que “no existe esperanza y la certeza de la realidad inunda el alma”, explican desde la compañía.

Asimismo, a través del hashtag #FunespañaContigo, la empresa de servicios al fallecimiento destaca la importancia del acompañamiento en el camino de la despedida. También hace especial hincapié en la calidez humana y la responsabilidad de quienes “día a día tienden esa mano amiga a las familias para sobrellevar el último adiós”.

Por último, invita a no dejar para último momento el reconocer, celebrar y honrar la vida: “Seguid viviendo cada uno de los momentos con la mayor intensidad. Sentid con fuerza, reíd con ganas, amad profundo. Cread vivencias que traigan calidez al recuerdo. Decid aquello que tenéis guardado, dad las gracias, decid te quiero, aprovechad esta oportunidad para estar juntos en la distancia.”


Denuncian humos y olores en un crematorio por el aumento de incineraciones de cadáveres (Tribuna Salamanca)

07.05.2020

Un concejal de Ciudadanos alerta de “exceso de humos y desagradable olor” en el crematorio de Illescas (Toledo) por “saturación”.

El Grupo municipal Ciudadanos en Illescas ha alertado que el incremento de incineraciones en el crematorio del tanatorio de la localidad, “probablemente por la saturación en tanatorios y crematorios de la zona sur de Madrid, concretamente Parla y Aranjuez”, está suponiendo un “exceso en las emisiones de humos y un desagradable olor”. De ahí que haya pedido la “urgente” intervención de las autoridades sanitarias.
“Cuenta con unas instalaciones modernas en cuanto a los dispositivos de retención de partículas y emisión de gases se refieren. Pero ateniéndonos a las circunstancias que estamos viviendo en estos momentos, se desconoce si funcionan bien, o lo hacen de forma deficiente ante el colapso y la saturación de otros crematorios, porque no es habitual la cantidad de humo que sale de la chimenea del crematorio de Illescas, además de los olores que se padecen en las inmediaciones de las instalación”, ha alertado Ciudadanos, en nota de prensa.

No es momento de sorpresas, sustos a fin de mes o extras ocultosEn Pepephone siempre sabes lo que pagas. Sin sorpresas, sin permanencia y sin gastos de alta o instalación. Fibra Simétrica de 200Mbps en casa y una línea móvil de 25GB acumulables, con llamadas y SMSs ilimitados = 48,90€/mes IVA incluido. Líneas móviles adicionales 10€/mes. Sin teléfono fijo, sin sustos a fin de mes y sin extras ocultosContrata ahora >>
El portavoz de la formación naranja en Illescas, Raúl Casla, ha explicado que un crematorio humano emite gases de combustión que son canalizados a la atmósfera generando gases con una gran cantidad de compuestos y partículas tóxicas. “Si a esto se añade que, debido a las prisas y circunstancias actuales no se pueden estar retirando los dispositivos médicos que pueda contener los cadáveres como marcapasos, implantes, empastes, tornillos o piercings, puede perjudicar o alterar aún más el proceso de cremación y con ello, sus efectos perjudiciales para la salud”.

Según Ciudadanos, si la temperatura en un crematorio es de entre 870 a casi 1.000 grados centígrados y si la duración necesaria para reducir un cuerpo a cenizas es de entre 2 y 3 horas, funcionando las 24 horas debido a la necesidad provocada por la pandemia, “se debería tener un mayor control para la salud pública, monitorizando de forma continua las emisiones contaminantes para que no se superen en ningún momento los valores límite de emisión de gases a la atmósfera”.

De igual modo, el edil de Ciudadanos ha alegado que esta circunstancia que se ha visto agravada en las últimas semanas, ya había sido denunciada en anteriores ocasiones, aunque el Consistorio haya alegado “no tener constancia de que hubiera ninguna irregularidad”.

“La energía que se consume durante una cremación es enorme y sus efectos medio ambientales van en consonancia a este consumo. Esta circunstancia sumada a la situación que ha tenido el crematorio de Illescas con gran actividad, hace que la situación sea alarmante, existiendo probablemente una gran concentración de gases contaminantes que fácilmente pueden haberse propagado por las poblaciones cercanas”, ha insistido.

De ahí que haya pedido la “urgente” intervención de las autoridades sanitarias para que realicen las mediciones necesarias que ajusten el funcionamiento del crematorio a la normativa vigente para no alterar, como está pasando ahora, el normal discurrir de la vida de las poblaciones vecinas. De igual modo, ha terminado reclamando que, durante el estado actual de alarma y días posteriores en los que pueda existir una mayor demanda del crematorio, se tomen mayores medidas para reducir las emisiones.


Carta al sector de Juan Vicente Sánchez-Araña, presidente de Panasef. (Revista Funeraria)

En Noticias,
Mayo 07, 2020

A  continuación reproducimos la carta abierta al sector escrita por el presidente de Panasef, Juan Vicente Sánchez-Araña, para quien los profesionales funerarios han desempeñado responsablemente su labor durante los dos últimos meses, en los que se han enfrentado a un desafío sin precedentes.
Como Presidente de la Asociación Nacional de empresas de servicios funerarios, me siento orgulloso y afortunado de representar a un sector -a las empresas y a los profesionales que las componen- que, de forma valiente y eficaz, se ha enfrentado a un desafío sin precedentes. Todos podéis percibir, en la cercanía o en la distancia, la situación real que se ha vivido en España. Nunca habíamos vivido hasta ahora un desafío tan importante, de tanta envergadura, donde ha destacado ante todo el buen hacer y la solidaridad común. No faltarán críticas, siempre las habrá, pero creo firmemente que todo el sector ha estado a la altura de la labor que hemos tenido delante, la hemos desempeñado responsablemente, y quiero resaltarlo y agradecerlo.

Durante todos estos días, un largo periodo de tiempo de dos meses, no hemos podido dedicarnos como nos hubiera gustado a servir, a lo que sabemos hacer, nuestro servicio de Acompañar, Ayudar, Honrar. Las circunstancias han impedido en muchos lugares que hayamos podido estar al lado de las familias, dedicarles el tiempo necesario en las frías despedidas de sus seres queridos que las circunstancias han exigido, y desde aquí queremos rendirles un sentido homenaje.

Esperando una pronta recuperación del mercado funerario, y de toda la actividad económica en España, os reitero mi orgullo y agradecimiento como Presidente de un extraordinario sector humano y profesional.

Un afectuoso saludo y a vuestra disposición,

Juan Vicente Sánchez-Araña

Presidente de PANASEF

 


Las cremaciones alcanzan el 80% de los servicios en Barcelona ciudad (Teleprensa.com)

Jue, 07/05/2020 – 15:55
Las peticiones de cremación de los difuntos han “aumentado considerablemente” en la ciudad de Barcelona, ya que han pasado de rondar el 55% a incrementarse hasta el 80% durante la pandemia del nuevo coronavirus, ha explicado a Europa Press el director de Comunicación y Relaciones Institucionales de Mémora, Fernando Sánchez.

Ha señalado diversas motivaciones para este aumento: la falta de previsión de estas defunciones, y que no se debía acordar en el seno familiar; el poder realizar posteriormente una despedida con las cenizas del difunto, y la tendencia de que “una generación algo menor en edad” está tomando este tipo de decisión sobre los servicios.

Ha dicho que por las instalaciones de Mémora en toda Catalunya han pasado ya 4.000 difuntos por Covid-19, aunque están notando en los últimos días una reducción del número de servicios, pese a que hay jornadas con algún repunte.

Sánchez ha enfatizado la “necesidad” de que se pueda retomar cuanto antes la posibilidad de velatorios y ceremonias con las restricciones de distanciamiento e higiene, para poder dar una despedida a los difuntos, después de que la regulación por el estado de alarma haya llevado a prohibirlas.

Ha pedido que el sector “deje de estar intervenido” por la Generalitat, ha dicho que ha demostrado con creces su profesionalidad y que no entiende por qué se mantiene esta intervención cuando, a su juicio, el sistema funerario catalán y en Barcelona ha funcionado perfectamente durante esta crisis sanitaria.

REGISTROS CIVILES

Además, ha reclamado que los registros civiles vuelvan a su funcionamiento habitual, ya que han recibido quejas de familias que no reciben los certificados de defunción, que se entregan habitualmente a los 15 días.

Sin este certificado, las familias no pueden iniciar “ningún trámite” relacionado con herencias, con seguros de vida ni dar de baja suministros, y tampoco se pueden abrir testamentos por la falta de este documento.
–EUROPA PRESS–


Homenaje de la Funeraria a las víctimas del virus (La Nueva España)

07.05.2020 | 00:34Funeraria Gijonesa se ha sumado al proyecto de la Asociación Nacional de Servicio Funerarios (Panasef), que acaba de lanzar una campaña audiovisual en sus redes sociales para homenajear a las víctimas de la covid-19 y a sus familiares, así como para reivindicar el trabajo de sus sector: “Somos el último eslabón de la cadena sanitaria, pero no por ello menos importante”.